Karün, Sustentabla y Green Glass:

Emprendimientos chilenos que crearon negocios siguiendo los conceptos de la economía circular

Modelos de negocio que se sustentan en los conceptos de la economía circular, con estrategias activas en el cuidado del medio ambiente a través del reciclaje o la reutilización, y que quieren hacer un cambio en el modelo económico imperante con ideas cuya base es la sustentabilidad son los fundamentos detrás del surgimiento de muchos emprendimientos alrededor del mundo. En
Chile, empresas como Karün, Sustentabla y Green Glass han visto en los materiales en desuso una oportunidad no sólo para crear productos de calidad, sino también para ser una instancia de generar comunidad y conectar con la naturaleza.

“El egoísmo es parte fundamental de la economía de hoy”. Esa afirmación, hecha tras mucho tiempo de reflexión, provocó un profundo cuestionamiento en Thomas Kimber, hace ya más de una década. Tanto así, que ese pensamiento lo impulsó a dejar la carrera de ingeniería comercial, cuando cursaba el segundo año: con los meses de estudio que ya tenía sobre el cuerpo, Kimber se dio cuenta de que quería explorar un modelo diferente de hacer negocios. Dedicarse a algo que tuviera mayor sentido en la sociedad y en su vida.

“Tuve ganas de cambiar la lógica del funcionamiento de la economía, ya que no estoy de acuerdo en cómo funciona el modelo”, explica este emprendedor detrás de Karün, empresa que fabrica anteojos sustentables que tienen como materia prima las redes de pesca, cabos y madera en desuso que son recolectados a orilla de los lagos, ríos y costas del sur de Chile.

Tal filosofía de vida no sólo ha sido la guía de Kimber, quien durante diez años exploró negocios ligados a la sustentabilidad –con uno incluso estuvo al borde de la quiebra– hasta conseguir el impacto que él esperaba con Karün, que en mapudungún significa “ser naturaleza”. Esa convicción también ha respaldado las búsquedas y acciones de un número creciente de emprendedores alrededor del mundo y que persiguen, como principal objetivo, contribuir al cuidado del medio ambiente a través de modelos de negocios que se basan en los conceptos detrás de la economía circular.

Por cierto, en Chile también han surgido este tipo de empresas. Como Karün, emprendimientos como Sustentabla y Green Glass también han visto en los materiales en desuso una oportunidad no sólo para crear productos de calidad, sino también para ser una instancia de generar comunidad y conectar con la naturaleza.

“Hemos demostrando que se pueden hacer productos competitivos y de calidad a través de una lógica y una cadena de valor totalmente diferentes, ayudando a descontaminar, empoderando a comunidades rurales y conservando lugares naturales”, reflexiona Thomas Kimber, creador de Karün.

 Para Thomas Kimber, de Karün, era clave crear un negocio que fuera sostenible y que pudiera contribuir a la disminución de los impactos del cambio climático que, a su juicio, “no es más que un reflejo de nuestra poca conciencia como especie y nuestra poca conexión con el entorno”.

Reciclaje y reutilización

El calentamiento global y el cambio climático –con altos niveles de CO2, inestabilidad de las estaciones del año, incremento del nivel del mar, extinción de corales–, inquietaban profundamente a Daniela Larrea, cocreadora de Sustentabla, quien luego de constatar cómo las playas del sur de Chile se han visto afectadas con basura inorgánica producto de las corrientes marinas, se planteó buscar una solución para esa problemática.

“La idea era transformar los residuos plásticos en tablas de surf para ‘devolverlos’ al lugar donde fueron encontrados, pero de un modo que acerque a más personas a la naturaleza. Estamos convencidos de que el deporte al aire libre inspira, reconecta, calma y reconforta”, dice Larrea, añadiendo que se aseguran de distribuir los reciclables a los puntos limpios respectivos y lo que no se puede rescatar, a los rellenos sanitarios. De esta manera, “nos quedamos sólo con el material que nos sirve para reciclar y fabricar nuestras tablas”.

Por su parte Óscar Muñoz, creador de Green Glass, se define como un ecologista a quien siempre le ha interesado reciclar, vivir con energías renovables y “no dañar a nadie”. Haber encontrado, casi por casualidad, la idea detrás de su emprendimiento, lo convenció de que “era el proyecto perfecto para vivir de algo”.

Y es que un día se le ocurrió cortar una botella de vidrio con una de las herramientas que tenía en su casa, pues su madre hacía bisutería con este material. Y el resultado, un vaso hecho con vidrio reutilizado, le pareció fascinante. Justo por esa época, estaba estudiando ingeniería comercial y una de las exigencias académicas era crear un negocio que lograra reunir alrededor de $ 2 millones en ganancias.

“Con mi grupo, aprobamos el ramo con la nota máxima. Ahí me di cuenta del éxito y de la proyección que podía tener mi negocio, así que dejé la universidad para dedicarle todo mi tiempo a Green Glass”, comenta Muñoz, añadiendo que “me inquieta que nadie reaccione frente a un problema tan grande como el cambio climático. Hoy vemos problemas de basura, inequidad, deforestación, de agua, energía, contaminación, combustibles fósiles, alimentación que destruye. Me estoy esforzando por demostrar que la basura no existe y que todos deben reciclar y hacerse cargo por los desechos que generan”.

Algo similar siente Thomas Kimber, de Karün, para quien era clave crear un negocio que fuera sostenible y que pudiera contribuir a la disminución de los impactos del cambio climático que, a su juicio, “no es más que un reflejo de nuestra poca conciencia como especie y nuestra poca conexión con el entorno. Si queremos hacer algo para frenarlo, tenemos que empezar a concientizar y a conectar más con nuestra propia esencia”.

“Me inquieta que nadie reaccione frente a un problema tan grande como el cambio climático (…) Me estoy esforzando por demostrar que la basura no existe y que todos deben reciclar y hacerse cargo por los desechos que generan”, dice Óscar Muñoz, el emprendedor detrás de Green Glass.

Naturaleza y comunidad

¿Cómo sería el mundo si todos entendiéramos que somos naturaleza?

Es la pregunta que enmarca la estrategia de negocios de Karün y es “la que nos llevó a armar este emprendimiento que se preocupa de apreciar las comunidades indígenas, reciclando material de las costas y generando así una fuente de ingreso para las comunidades rurales, además de anteojos de calidad”, comenta Kimber, detallando que los ingresos de la empresa –ubicada en la zona de Puerto Varas–, están ayudando a financiar un programa para empoderar a más de 600 emprendedores rurales y a conservar más de 400 mil hectáreas en el valle de Cochamó.

“Hemos demostrando que se pueden armar empresas globales desde regiones, lo que a Chile le hace demasiada falta. También hemos demostrado que se pueden hacer productos competitivos y de calidad a través de una lógica y una cadena de valor totalmente diferentes, ayudando a descontaminar, empoderando a comunidades rurales y conservando lugares naturales”, reflexiona.

La conexión de la que habla Kimber, con la naturaleza y las comunidades que se vinculan con la empresa, es otro punto en común que tienen Karün, Sustentabla y Green Glass.

En Sustentabla trabajan estrechamente con las comunidades ubicadas en los sectores donde recolectan la materia prima del negocio, y que se ven afectadas por las corrientes marinas que arrastran plástico. Con ellas realizan actividades educativas de limpieza, capacitando acerca de la importancia del manejo de residuos y la clasificación de reciclables con el objetivo final de reducir el consumo de plásticos, explica Daniela Larrea.

“Estas comunidades son seleccionadas y priorizadas en zonas que denominamos con ‘Alto Valor Ecológico’ a lo largo del país. Son ecosistemas más frágiles y cuya biodiversidad se ve directamente afectada por los plásticos en el mar. Espero que este trabajo haya impactado positivamente en las personas más jóvenes, ya que son ellas las que podrán incidir en las decisiones del futuro, y que más de alguna haya adoptado hábitos de manejo de residuos sustentables. Idealmente, que haya también propiciado una reducción del consumo en su familia”, reflexiona.

En el caso de Green Glass, recolectan las botellas de vidrio desde centros de reciclaje ubicados en La Cisterna, La Florida y Lo Espejo, que son abastecidos por cartoneros y recicladores de base, y trabajan también con residuos industriales de viñas. Pero no es lo único que hacen.

Óscar Muñoz comenta que, a través de la Fundación Kiltro y de la Fundación Reforestemos, Green Glass ha comenzado a esterilizar perros y gatos en zonas vulnerables y ha podido colaborar a plantar más de tres mil árboles, entregando más de $ 10 millones para este fin.

A futuro, como no podía ser de otra manera, los planes consideran a la variable sustentable como una prioridad ineludible.

Muñoz, por ejemplo, espera implementar paneles solares en la fábrica pues explica que el proceso de cortar las botellas y crear los vasos insume mucho gasto energético, “por lo que la idea es que toda la energía que usemos sea renovable”.

En Karün, además de plantearse la meta de ser la marca sustentable “más querida y respetada en el mundo”, invitando a reflexionar respecto al medio ambiente al millón de clientes que esperan tener al año 2023, en lo inmediato están tomando clases de mapudungun y crearon una huerta orgánica en la oficina, para proveer sus alimentos desde ahí.

“Tratamos de vivir lo más alineados posible a la idea de que cada una de nuestras decisiones y acciones tiene consecuencias”, dice Thomas Kimber.

Y en Sustentabla, están llevando a cabo una investigación para desarrollar una fibra de plástico reciclado, de manera de reemplazar la fibra de vidrio y seguir en su línea inicial de hacer una tabla completamente reciclable.

“Queremos llegar a todo rincón de Chile con nuestras limpiezas educativas del borde costero, ya que el nuestro es uno de los países con mayor biodiversidad del mundo. Su cuidado merece nuestro esfuerzo, y trabajaremos para idear entre todos nuevas soluciones creativas para combatir el problema de forma colaborativa”, sostiene Daniela Larrea.

“Queremos llegar a todo rincón de Chile con nuestras limpiezas educativas del borde costero, ya que el nuestro es uno de los países con mayor biodiversidad del mundo. Su cuidado merece nuestro esfuerzo”, sostiene Daniela Larrea, cocreadora de Sustentabla.