La apuesta por los bonos verdes y las tareas que deja al sector privado

El gobierno ha recaudado en torno a US$ 6,2 mil millones en fondos soberanos para costear proyectos públicos sustentables, pero ¿están las empresas alineadas con el financiamiento sustentable?

De forma inédita y pionera en el continente americano, en 2019 Chile comenzó a emitir bonos verdes para financiar proyectos sustentables en áreas como transporte limpio, energías renovables, gestión de recursos hídricos, construcción verde, entre otros. Una apuesta que ha permitido recaudar, a la fecha, en torno a US$ 6,2 mil millones.
“Estas operaciones se caracterizaron por tener desempeños financieros convenientes para nuestro país, incluyendo tasas y spreads bajos, récord en nivel de demanda y una importante diversificación de la base de inversionistas. Lo más destacable de todo el proceso fue el avance en la acción climática, obteniendo buenos resultados financieros a la vez”, detalla el subsecretario de Hacienda, Francisco Moreno.
Parte importante de los recursos están destinados a ampliar y mejorar el transporte público, especialmente el Metro de Santiago: de los US$ 4,3 mil millones recaudados en 2019, el 92% financiará, entre otros proyectos, la extensión de las líneas 2 y 3. Y la deuda emitida este año, por US$ 2 mil millones en bonos verdes en dólares y euros, contempla sólo iniciativas en esta área, como la construcción de la Línea 8 del Metro, la extensión de la Línea 4, la ampliación del Biotrén Coronel-Lota, el desarrollo del Metrotren Alameda-Melipilla y la renovación del material rodante.

El foco en transporte no es casual. Para la ministra de Medio Ambiente, Carolina Smith, “avanzar en el transporte limpio permitirá disminuir las emisiones generadas por el uso de combustibles fósiles en ese sector, responsables de alrededor del 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero del país. En el transporte público, por ejemplo, tenemos el compromiso de que sea 100% eléctrico en 2040, lo que tendrá un impacto relevante en disminuir nuestras emisiones”.
Además de transporte, se han destinado recursos por US$ 24 millones a proyectos de energías renovables, edificios públicos verdes y gestión del agua. Moreno dice que ya se ha asignado un 24,8% de los US$ 2.373 millones emitidos en bonos verdes en 2019 y que se espera en un plazo no mayor a cinco años desembolsar todos los recursos.
“Estamos conscientes de los desafíos que nos presenta el cambio climático y estamos implementando medidas a fin de hacerle frente”, acota.

Abriendo el acceso

“La emisión de bonos ha sido bien exitosa e interesante, porque muestra a los privados que hay interés en los mercados de invertir de manera sostenible”, comenta Marina Hermosilla, directora ejecutiva del Grupo de Líderes Empresariales por la Acción Climática (CLG-Chile), ligado a la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile. Sin embargo, aunque reconoce que hubo participación de las AFP, afirma que los interesados en financiar este tipo de proyectos son principalmente inversionistas internacionales.
La realidad, dice, es que el financiamiento a proyectos verdes vive una etapa temprana en el país. “No ha agarrado vuelo aún, todavía los inversionistas no están incorporando en sus inversiones el factor de riesgo climático en la toma de decisiones”, resalta.
Con todo, hay iniciativas que el sector privado ha impulsado en los últimos años, como los Bonos Verdes y Sociales, que lidera la Bolsa de Santiago, o la emisión de bonos verdes por parte de empresas como Esval, CMPC o Sonda, lo que “ha permitido atraer inversión sostenible y que el mercado se interese y esté alerta a lo que está pasando”, asegura.
Y aunque el sector financiero ha comenzado a avanzar en esta línea, con los créditos verdes que han lanzado bancos como Santander o Estado, para Maya Hirsch, jefe de Proyectos área sustentabilidad de Fundación Chile, queda mucho por hacer.
“La banca chilena se caracteriza por ser un sector más bien conservador, con alta aversión al riesgo, donde la toma de decisiones respecto a nuevos productos crediticios o líneas de acción vienen mandatados desde afuera, no respondiendo a la realidad país y al desarrollo de nuevos mercados en territorio nacional, como el mercado de energías renovables no convencionales”, afirma

Avanzar en transporte limpio permitirá disminuir las emisiones de combustibles fósiles en ese sector, responsables del 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero del país, dice la ministra Carolina Smith.

Las PYME, tarea pendiente

El problema es que “el financiamiento a través de bonos está enfocado en proyectos de gran escala por parte de empresas con un back-up financiero relevante, no atendiendo las necesidades de un mercado más incipiente y de un sinfín de actores de pequeño y mediano tamaño que no logran ampliar su alcance por falta de acceso a financiamiento competitivo”, explica Hirsch.
Si bien cree que la emisión de bonos verdes incentiva en el mediano plazo la entrada de nuevos actores y líneas de financiamiento con estos fines, opina que es clave desarrollar productos financieros para este segmento, con costos de evaluación asequibles y proporcionales al monto de financiación.
Para Hermosilla, aún el mercado financiero no es capaz de capturar el valor de tener atributos de sostenibilidad. “Si un proyecto tiene incorporado el factor de cambio climático, tiene menos riesgo a futuro, por lo que los bancos deberían ser capaces de prestarle con menor tasa. Esa es una oportunidad de mercado que otros bancos no están incorporando”, detalla.
Pero no sólo eso: las empresas deben empezar a incorporar el riesgo climático en sus proyectos, para facilitar la toma de decisión de los inversionistas. “En la medida que se muestre de forma más transparente y completa, los actores pueden evaluar cuánto menos riesgo hay en el proyecto”, indica.

El financiamiento verde está enfocado en proyectos de gran escala y con back-up financiero relevante. Falta poner foco en las PYME, comentan en el sector.