Abr 2, 2020 | Innovación

José Manuel Moller, Director ejecutivo de Algramo y cofundador de Fracción:

“Una empresa debiera apuntar hacia la reducción de la desigualdad”

Hace 8 años, José Manuel Moller fundó Algramo, emprendimiento de máquinas dispensadoras de arroz y legumbres a granel, enfocado en los almacenes de barrio. El año pasado, impulsado por la contingencia climática, le dio un giro y creó un nuevo sistema basado en reutilizar envases inteligentes de detergente. Para eso, generó alianzas con marcas multinacionales, buscando captar grandes clientes y seguir por el camino de la economía circular.

Cada vez que una persona compra productos en un almacén de barrio, paga un sobreprecio por adquirirlos en formatos pequeños, lo que puede significar hasta un 50% adicional por cada producto.

José Manuel Moller se vio enfrentado a esa realidad cuando decidió irse a vivir, con tres compañeros de universidad, a una casa en la comuna de La Granja, en la Región Metropolitana. Todos estudiaban y tenían trabajos esporádicos, por lo que hacer una gran compra mensual no era viable. El almacén de la esquina era la mejor solución, sin embargo su falta de liquidez inmediata, como la de tantos chilenos, lo obligaba a pagar más.

Se le ocurrió entonces buscar una solución para esa problemática, que bautizó como “impuesto a la pobreza”: ideó dispensadores de legumbres y arroz, lo que permitía realizar compras a granel, ahorrando en packaging y marketing del producto. Con el tiempo, el modelo fue mutando y el emprendimiento se enfocó en crear sus propios productos de limpieza, como limpia pisos, suavizantes, detergentes y lavalozas, en formatos retornables, siguiendo el camino de la economía circular.

Algramo nació en 2012 y hoy ya opera en 2.200 almacenes de barrio. La idea ha impactado en la vida de 400 mil vecinos que, además de ahorrar en sus compras diarias, han disminuido la generación de basura en más de 360.400 kilos.

Además en 2018, Moller y el ingeniero en Administración de Empresas, Javier Vega, se unieron para desarrollar una startup que denominaron Fracción, que permite adquirir remedios a precios y dosis justas a través de alianzas con farmacias independientes y en una modalidad 100% digital. En esta empresa, con operaciones totalmente separadas pero que tiene mucho del espíritu de Algramo, Moller es director y socio fundador.

“Chile necesita no sólo crecer más, sino que reducir desigualdades. Para eso, deben existir empresas que la disminuyan en su operación porque ya se agotó el recurso de ‘generar empleo’, eso hoy se considera como un mínimo”, plantea.

“Chile necesita no sólo crecer más, sino que reducir desigualdades. Para eso, deben existir empresas que la disminuyan en su operación porque ya se agotó el recurso de ‘generar empleo’, eso hoy se considera como un mínimo”

—Todas las empresas que has creado han tenido un impacto social. ¿De dónde nace esta inquietud?
—Yo venía trabajando harto con campamentos y me di cuenta que no quería tener una doble vida. No quería ser voluntario por un lado y trabajar en una empresa por el otro. Quería demostrar que las empresas pueden tener impacto social y la gran “gracia” de ser una empresa y no una fundación, es que te permite cuestionar a otras compañías.

—En ese cuestionamiento, ¿analizaste qué deben hacer estas nuevas empresas?
—Una empresa debiera apuntar hacia la reducción de la desigualdad, el mayor problema que tenemos. Mucha gente dice “bueno, ahora todos tienen televisión, tienen auto, pero la diferencia sigue siendo la misma”, y ese el verdadero problema. Creo que desde nuestra vereda podemos hacer un aporte para disminuir eso y contribuir con mucho más que sólo una acción caritativa de responsabilidad social empresarial.

—Las personas también están demandando eso.
—Exactamente, la gente ya sabe que hay una diferencia en comprar a una empresa u otra, y comprar también tiene un impacto medioambiental y social. Hoy queremos demostrar que las empresas pueden tener impacto social.

—¿Cómo crees que se puede motivar a que más empresarios se involucren en esta forma de hacer negocios?
—Lo primero que deben hacer es salir a la calle para que se den cuenta de lo que la gente está necesitando. No están pidiendo un bono, ni una solución “parche”, sino que las cosas se hagan de forma distinta y de manera profunda. Los empresarios deben conectar un poquito más con la realidad. Hoy los directores de empresas están a años luz de entender realmente cuáles son las problemáticas.

—¿Existen empresas que se hagan cargo de lo que dices, y que puedan ser tomadas como ejemplo?
—En el mundo hay grandes ejemplos de compañías que funcionan de manera social, como Patagonia y Natura. Son grandes firmas que están haciendo las cosas distintas y son las más rentables.

—¿Cómo desafían los modelos de Algramo y Fracción a las estructuras empresariales más “antiguas”?
—Algramo y Fracción están atravesados por una vocación de impacto social desde el mundo empresarial. Antes tenían políticas de responsabilidad social y, por otro lado, generaban ingresos. Lo que buscamos con ambos emprendimientos es que la forma de generar ingresos no sea a costa de las personas, sino que poniendo a las personas y al medio ambiente al centro y, como consecuencia, que eso sea rentable. Esto es cambiar la fórmula, que al principio era una locura y obviamente un camino más largo. Pero hoy en día, particularmente en Chile, el contexto me está diciendo que ya no basta con maximizar utilidades, sino que urge poner a la familia y al medio ambiente al centro.

“La gente ya sabe que hay una diferencia en comprar a una empresa u otra, y comprar también tiene un impacto medioambiental y social. Hoy queremos demostrar que las empresas pueden tener impacto social”

Cuando Moller decidió escalar el modelo de Algramo, lo hizo a través de alianzas con grandes multinacionales para que el impacto de su emprendimiento fuera mayor. Así, creó envases recargables hasta 100 veces, que poseen un chip con tecnología de radiofrecuencia. De esta forma, el cliente paga sólo una vez por el envase inteligente y cuando lo utiliza, puede acceder a descuentos en futuras compras. Con este nuevo modelo también se pensó en recargar los envases a domicilio a través de tiendas móviles montadas en triciclos eléctricos. Hoy operan en Providencia, Las Condes y Vitacura.

Potenciar el modelo

 

En octubre de 2018 se generó un quiebre que cambió el paradigma de Algramo: el Panel Internacional de Cambio Climático anunció que el mundo sólo tenía hasta 2030 para frenar la crisis ambiental. Ante ese escenario, José Manuel Moller pensó en cómo su emprendimiento podía aportar para seguir por un camino más sostenible, pese a que cualquier iniciativa que se haga en el país no frenará, por sí solo, la urgencia. “Chile produce el 0,25% de las emisiones de CO2 en el mundo y, en ese contexto, aunque todo el país fuese vegano y reciclara, el esfuerzo es marginal considerando el efecto mundial”, reflexiona.

Por eso, decidió escalar el modelo de Algramo para que, a través de alianzas con grandes multinacionales como Unilever y Purina, el impacto de su emprendimiento pudiera ser mayor. Así, creó envases recargables hasta 100 veces, los que además poseen un chip con tecnología de radiofrecuencia. De esta forma, el cliente paga sólo una vez por el envase inteligente y cuando lo utiliza, puede acceder a descuentos en futuras compras.

Con este nuevo modelo también se pensó en recargar los envases a domicilio a través de tiendas móviles montadas en triciclos eléctricos. Hoy operan en Providencia, Las Condes y Vitacura, para después seguir creciendo hacia el centro de la capital.

Gracias a este último giro es que Algramo fue reconocido por Ocean Plastic Innovation Challenge, organizado por National Geographic y Sky Ocean Ventures, por su compromiso con el medioambiente y aportar a la economía circular.

—Con este nuevo modelo de negocios, ¿qué aspectos concretos ha podido cambiar Algramo en su entorno?
—Cuando partimos con Algramo era una locura hablar de dispensadores de retornabilidad y cambios de hábitos, pero actualmente ya hay varias empresas que han replicado lo que estamos haciendo. Eso nos parece genial, porque lo que buscamos también es un cambio de estándar.

—¿Qué otros compromisos medioambientales has tomado como propios en tu vida?
—Dejé de comer carne porque si estás trabajando en el mundo medioambiental, es súper raro tener esta doble vida: por un lado, te preocupa el medio ambiente pero el fin de semana te comes un gran asado. También, la forma de movilizarme. A veces me muevo con las bicicletas que se arriendan en la calle.

 

El impacto de la contingencia

 

—En medio de la propagación del Covid-19, ¿cuál ha sido el rol que ha tomado Algramo?
—Somos cadena de suministro y nuestro rol social hoy es aún más relevante, tanto en los 2.200 almacenes que abastecemos como con los domicilios. Ya son miles de personas que han bajado nuestra aplicación de celulares para agendar despachos a domicilio de OMO y Quix, así no tienen que salir de la casa. Es por eso que nuestro sistema de despacho a domicilio a través de los triciclos de Algramo, ha tomado más relevancia que nunca en las comunas de Las Condes, Vitacura, Providencia y Ñuñoa.

— ¿Qué reflexión le ha traído esta pandemia como empresario?
—Creo que si ya era difícil emprender en Chile post 18 de octubre, hoy se pone mucho más cuesta arriba para miles de Pymes que van a necesitar ayuda estatal. Sin un apoyo fuerte a las Pymes, sobre todo a trabajadores independientes, el efecto del coronavirus en lo económico puede durar muchos años.

—Tomando en cuenta que no se prevé un rápido término de la crisis sanitaria, ¿hacia dónde apuntan llegar este 2020?
—Tenemos planes pero dado el contexto, lo tomaremos con más calma. Queremos crecer en Chile, validarnos con esta nueva tecnología y nuestro nuevo sistema. Y lo segundo, es que vamos a partir el nuevo piloto en Estados Unidos a fines de este año, algo que no habíamos hecho antes y que nos va a validar también en otros contextos, con nuevos usuarios y con otras exigencias. También vamos a tener la primera tienda Algramo, que será en conjunto con Mall Plaza Egaña, una vez que los centros comerciales comiencen a operar con regularidad.

“Los empresarios deben conectar un poquito más con la realidad. Hoy los directores de empresas están a años luz de entender realmente cuáles son las problemáticas”